lunes, 16 de junio de 2014

Carta abierta a los anti fútbol

Adorables pretenciosos:

El fútbol es el fenómeno de masas más importante de la actualidad, como bien saben, con una popularidad que no ha dejado de subir desde los años cincuenta. Sin embargo, consideramos que proporcionar este dato en bruto y sin contexto sólo vale para confundir la realidad, desdeñando la merecida popularidad de otros espectáculos de los llamados culturales, como son el cine o la música, aprobando sin pretenderlo la base de uno de los argumentos más tontos que muchos de ustedes sostienen: que todo lo popular es estúpido. Insistimos, también la música es popular, como el cine, la literatura o hasta la comida china. Por ejemplo, para el próximo concierto de los Rolling Stones en Madrid se vendieron las 54, 000 entradas a la venta en tan sólo once horas; la última película del director Martin Scorsese “El lobo de Wall Street” recaudó en taquilla mundial casi 400, 000, 000 dólares americanos; y de la novela más famosa de Charles Dickens, “Historia de dos ciudades”, se han vendido desde su primera publicación en 1859 más de 200 millones de ejemplares. Así pues, les exhortamos a todos aquellos de ustedes que continúen sosteniendo dicho argumento mencionado con anterioridad a que dejen de consumir cine, literatura o música, en tanto que también son populares e incluso fenómenos de masas nada triviales. Tampoco, por cierto, pueden entretenerse con las series de televisión, ni siquiera con las de más calidad: el primer episodio de la cuarta temporada de Los Soprano atrajo a 13, 425, 000 espectadores. Y de paso, tampoco tomen drogas ni practiquen sexo.

Bebé con gafas leyendo
El hijo de un anti fútbol.



Y ahora, ignorando a todos aquellos de ustedes que decidan comprometerse con sus ideas y prometan no consumir cine, música, literatura o pornografía como les hemos sugerido (serán todo lo consistentes que quieran, pero no podríamos menos de considerarles unos ascetas sin cerebro), intentaremos tocar el tema de las manifestaciones en Brasil, que en demasiadas ocasiones se transforma en tributo inefable a la demagogia; imaginamos, claro, que es una buena forma de no entrar al debate en profundidad, sino limitarse a tocarlo en la superficie, de manera que parezca que se tiene algo inteligente que aportar. Es cierto que dichas protestas son abrumadoramente coherentes, pero no son, ni mucho menos, contra el fútbol (ni siquiera con la excusa de ir contra el fútbol como espectáculo), sino contra la organización innecesaria, corrupta, injusta o indeseada de la misma, que ha perjudicado los intereses de muchos de los brasileños más desfavorecidos, no sólo con este Mundial de fútbol 2014, sino también con los Juegos Olímpicos que se celebrarán para 2016 en el mismo país (aunque esto, claro, a vosotros os resulta indiferente o desconocido); por resumir: desalojos de familias, aumento en el precio de los transportes públicos (de hecho, fue un incremento en la línea de autobuses 2013 lo que llevó a popularizar las protestas), privatizaciones de las infraestructuras, gastos desorbitados o las exenciones fiscales de la FIFA y empresas asociadas. Todo esto, es cierto, deja sin atender como se debería problemas reales de la sociedad brasileña y supone un mero capricho de los poderosos del que sólo se beneficiarán unos pocos. Ahora bien, todo esto no hace loable el bulo, la demagogia ni el sensacionalismo. Un ejemplo que nos han querido hacer creer como una de las perversidades que consentimos los infames aficionados al fútbol han sido las supuestas matanzas de niños brasileños para limpiar las calles de cara al Mundial. Muchos se han tragado esto sin corroborar porque ideológicamente les convenía. Sin embargo, continúan sin aparecer pruebas que lo certifiquen. Sólo existe la denuncia que escribió un periodista danés avisando de las desapariciones, pero no aportó ninguna prueba. Y para colmo, todas las fotografías que se han adjuntado a las noticias se refieren a hechos anteriores de enfrentamientos de la policía con narcotraficantes (de hecho, en muchas de las fotos originales se puede comprobar como ni siquiera parecen niños); tiene, pues, todas las características de un bulo. Además, los estudios más comedidos dicen que en Brasil hay al menos 23.973 niños viviendo en la calle. Pienso que habría que matar muchos niños para que pudiera ocultarse un poco su presencia, ¿cuántos? (más de cuatro o cinco seguro) ¿y qué hacemos con los cuerpos? (¿incineramos? ¿enterramos bajo el césped de los estadios? ¿echamos al mar?) ¿cómo les tapamos los agujeritos? (¿con algodón color carne?) No se me ocurre manera de ocultar semejante exterminio ni creo que le convenga a ningún país arriesgarse a que les pillen practicando en el no demasiado prestigioso arte del infanticidio.

imagen de las protestas por el Mundial de brasil donde una chica sale parada frente a los antidisturbios
Una chica parada frente a los antidistubios mientras los anti fútbol envían mensajes de ánimo desde sus casas

Pero vamos a olvidarnos de esto y regresemos a nuestro país, donde sabemos que está habiendo un saqueo de las arcas públicas, una estafa llamada crisis que ha dejado a seis millones de familias en paro. Un poco feo, visto esto, usarlo con tal de atacar nuestras preferencias. Dos de los reproches más populares (sí, reprochar también es popular: dejen de hacerlo) que ustedes acostumbran a insinuar son los siguientes:

1) Los aficionados al fútbol son incultos.
2) Los aficionados al fútbol son borregos; la idea del “pan y circo”, de la insolidaridad.

Supongo que para el primer caso bastará mencionar a varios intelectuales, escritores o artistas a los que les gusta o gustaba el fútbol mientras vivían, ¿no? Ahí van: Albert Camus, Eduardo Galeano, Vladimir Nabokov, Milan Kundera, Rubem Fonseca, Rafael Alberti, Roberto Fontanarrosa, Juan Villoro, Manuel Vázquez Montalbán o Antonio Gramsci. Y lo dejamos aquí, que esto de todas formas no significa nada, al igual que su contrario. Sospecho, de todas formas, que muchos de ustedes no habrán leído a ninguno de los autores mencionados a pesar de haber suscrito en muchas ocasiones este argumento patético y pedante. Sobre el segundo punto, bastará aclarar que supone una clara falacia de falso dilema; es decir, que o se es aficionado al fútbol o se está comprometido con la sociedad, se es un libre pensador preparado para afrontar el reto que luchar por un mundo más justo bla bla bla. En realidad, existe un mundo de posibilidades y de opciones en medio, quien no pueda verlo, parece que tiene el cerebro en desuso. Sostener que sin fútbol la gente lucharía más por sus derechos es bobo e indemostrable, sólo vale para etiquetar a millones de aficionados con caracteres, ideas y sentimientos diferentes; de hecho, unificar al enemigo en un sólo cuerpo es otra falacia y una treta política bien conocida. ¿Y quién impide a nadie acudir a una manifestación sólo por ser futbolero? No se ustedes, pero sé de varias personas muy comprometidas que lo son. Ser futbolero no te hace mezquino, imbécil o insolidario. Del mismo modo que ser anti fútbol no te hace benévolo, inteligente o comprometido, ¿verdad?

El resto de sus críticas son más triviales y se nutren de anédcotas o de ignorancias, por lo que la refutación que les corresponde es de igual modo menos interesante. Una de ellas, referidas a lo trivial, es cuando se aferran a casos particulares de violencia para insiniuar que es lo general, que es condición intrínseca de este deporte o que la mayoría de aficionados lo aprueban. Si bien existe violencia en el fútbol, lo hace solo en la medida en que existe violencia en la sociedad; el fútbol (¡sorpresa!) no es un mundo aparte, luego no se le puede exigir a las mimas personas que son deshonestas, racistas, machistas, homófobas o violentas en su vida diaria que se comporten de un modo distinto cuando acuden a un partido; esto es absurdo, del mismo modo que es absurdo criticar las redes sociales sólo porque una cantidad prescindible de personas la usen para insultar, acosar, difamar, chantajear o amenazar. Otra de las críticas sobre lo trivial, es la comparación del fútbol con el fascismo, al mencionar cómo se unifican las mentes en los campos gritando todos las mismas consignas como si carecieran de personalidad. Nosotros comprendemos que, de hecho, el fútbol supone una forma de relajar tensiones que de otra forma podrían estallar; además, la mayoría de esta gente tiene sus motivos, sus pasiones y su personalidades propias y son, por lo general, bien capaces de discernir entre lo que es una rivalidad deportiva y el resto de la vida, si no fuera así, imaginen que habrían muchos más homicidios de los que hay relacionados con el fútbol, que son pocos.  La crítica referida a la ignorancia se trata del aspecto del juego que demuestran con desacertadas frases del tipo "Son once contra once corriendo detrás de una pelota o dándole patadas". En realidad, el portero se queda en su portería; correr detrás del balón sólo lo hace el equipo que no lo tiene, pero con cierto sentido, presionan, se posicionan, hacen coberturas o basculan, el resto del equipo que sí lo tiene se desmarca o mantiene posiciones. Además, tampoco se le da siempre patadas a un balón; el balón se pasa, se pisa, se controla, se deja pasar, etc. Decir tal cosa superficial sobre el fútbol es como tratar de resumir la serie Juego de Tronos diciendo que "son tipos mal vestidos follando y matando".  No se puede exigir a quien no le gusta el fútbol que lo comprenda, pero sí se puede exigir esto a quien lo desprecia.

Balón de fútbol en el césped húmedo
La imagen de la infamia. Tengan cuidado si ven uno de estos en su casa.

Para ir acabando. Me parecería correcto e incluso lógico que no les gustase el fútbol por un asunto de preferencias estéticas; después de todo, eso nos pasa a todos, es imposible disfrutar del lenguaje que no se comprende; sería bastante iluso si pensase que el fútbol tiene que gustarle a todo el mundo, ni siquiera pienso que tenga que gustarle a nadie: a mí me gusta, eso basta; no predico ninguna religión. Sin embargo, muchos de ustedes (de hecho a quienes estoy dirigiendo estas palabras desde el principio, de lo contrario no habría nada que reprobar) no se conforman con aclarar que no les gusta y punto, sino que prefieren colegir de aquí una distinción de superioridad moral o intelectual hacia los que sí disfrutamos con este deporte sin hacerle daño a nadie. Ustedes me recuerdan un poco a los que malviven quejándose de la cantidad de basura que dan por televisión sin atreverse jamás a abrir un libro prefiriendo en realidad continuar mortificándose con este problema que no pueden cambiar. Y es que hallamos cierto placer al quejarnos, de lo contrario no lo haríamos. Ya ven como de un modo u otro ustedes también disfrutan gracias a la existencia del fútbol; sean más agradecidos.

Sólo un último consejo, nada importante como verán, sólo una petición ínfima que si son tan competentes como aseguran podrán comprender: déjennos ver el Mundial en paz.

Saludos.

Para quienes sí disfrutan de este deporte, les dejo como despedida el vídeo de uno de los futbolistas con mas calidad de las últimas décadas, un tipo que hacía algo más que darle patadas al balón (me perdonarán seguro que el vídeo no tenga que ver con el Mundial).

El maravilloso Dennis Bergkamp:


1 comentario:

  1. ¡Hola! Antes de empezar a escribirte mi comentario en sí, me gustaría que tuvieras en cuenta que lo que te voy a escribir lo voy a hacer constructivamente, dándote un poco de mi tiempo para ello. No quiero faltarte el respeto como persona, y tampoco quiero hacerlo al esfuerzo que le has dedicado al escribir esto, pero desearía decirte un par de cosas.

    Entiendo la frustración que te pueden hacer sentir aquellos que no comprenden que el fútbol es algo que levanta pasiones y que hayas decidido empezar tu carta con un "Adorables pretenciosos:". Lo comprendo, pero no lo comparto. No porque no te falte razón, ¡OJO! Simplemente porque no puedes pedir respeto para aquellos que amáis el fútbol si tú, de buenas a primeras, le faltas el respeto a los que piensan que es algo zafio. O al menos yo lo interpreto así. No pidas algo si no eres capaz de ofrecerlo.

    En cuanto al texto en sí, mi recomendación es que uses unos párrafos más cortos para exponer tus argumentos. En primer lugar porque los párrafos demasiado largos se perciben visualmente como unos mazacotes de texto que son capaces de ahuyentar hasta al lector más empedernido. En segundo lugar porque, si hay alguien que se haya atrevido a dar el paso, tendrá que leer muy atentamente el texto para no perderse entre el maremágnum de letras que supone un párrafo demasiado largo.

    No hace falta que hagas un frase-párrafo. Entre 5 y 10 líneas ya es un buen párrafo en el que puedes desarrollar sin problemas una idea. Porque, al fin y al cabo, esa es su finalidad.

    Espero que puedas disfrutar del Mundial tal y como el evento lo merece. ¡Saludos!

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